5.17.2014

Celebración.

Hay un cuchillo entrando en el cuerpo, la sangre brota para recordar quién está muerto, quién ha muerto en todo este tiempo. Hay una ciudad sin calles, ahogada en el silencio; hay una ciudad lamentando al niño, muriendo en las manos encallecidas de un viejo. La tormenta rompe por nosotros, la intersección de las carreteras esconde un atropello un golpe un giro inesperado en el que poder celebrar el choque. La intersección de las carreteras nos ofrece el laberinto y nos protege del precipicio, nos aleja de los bordes. Hay una bala surcando el cielo y la recoge la frente de un joven, y la sangre brota y pregunta con la boca a mamá cómo se llora cuando mueren los demás, cuando la muerte llega y nos escupe en rojo y negro el secreto, la verdad de una ciudad que aprendió a ser nuestro hogar. Hay un joven preguntando a mamá ¿por qué siempre un hogar? La lluvia ha caído despacio, siempre cae despacio para alumbrar la oscuridad, las manos olvidan de nuevo el discurrir del viento, caminan lento, buscando la caída, para que prorrumpa el canto. Hay un cuchillo entrando en el sueño, la sangre brota para despedir a la muerte, para festejar el lamento; hay un joven preguntando a mamá ¿por qué siempre escapar?; hay un anciano celebrando con las manos las ruinas del hogar.


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Suena:

  

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